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Aventuras en el entrenamiento de ECS

Una carta de Mark Hare y Jenny Bent, sirviendo en la República Dominicana y Haití
Diciembre de 2018

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Saludos fraternales desde Rep. Dominicana.

Annika, Keila, Mark y yo llegamos a la República Dominicana en el año 2012 para colaborar con la Iglesia Evangélica Dominicana “IED,” en su obra social y ministerial. Pero a pesar de nuestra experiencia de trabajo con las iniciativas de seguridad alimentaria en Haití, era necesario buscar procesos adecuados que servirían al contexto de la IED. Eventualmente aprendimos sobre el proceso de Evangelismo Comunitario de Salud la cual se interesa en el empoderamiento y bienestar comunitario desde una perspectiva bíblica. Somos facilitadores del proceso de Evangelismo Comunitario de salud en la Iglesia Evangélica Dominicana y nos regimos por la metodología de la educación participativa. En nuestras cartas previas, que pueden leer en la web page de Mission Connections encontraran explicación más descriptiva del proceso.

Desde nuestro primer entrenamiento en el 2013 como facilitadores de ECS dejamos pasar dos oportunidades de participar en un entrenamiento que se llama Capacitación para Capacitadores en Residencia o “CDCR.” Finalmente en este año en el mes de agosto del 22 al 31 logramos participar en el CDCR por una semana. Aunque nosotros no pudimos participar el mes completo, estábamos complacidos de haber reclutado a Bellanira Matos del Barrio Casandra y a Juan Batista de la comunidad de Batey 7 para esta residencia de cinco semanas. Ambos han trabajado con el proceso ECS arduamente en sus respectivas comunidades.
El CDCR se da a más tardar cada 2 a 3 años en la Rep. Dominicana con una semana de estudio y práctica en Haití. Pues ¿en qué consiste esta capacitación? “La capacitación de residencia ECS es una formación intensiva de 5-semanas que sumerge a los participantes en la experiencia total de ECS; de tener una amplia oportunidad práctica para presenciar el proceso de comunidades transformadas mientras trabajan junto a equipos experimentados en las distintas etapas del progreso.” Community Health Evangelism, https://www.chenetwork.org/internships.php, 2018.

Marcos y yo habíamos decidido intencionalmente integrarnos al grupo durante la semana de entrenamiento en Haití. Creímos apropiado acompañar a Bella y a Juan en este viaje porque era su primera vez visitando al país vecino. Además el equipo coordinador de Haití necesitaban el apoyo de traducción de español a creole y vicerversa. Marcos facilitó la traducción con otro compañero Haitiano de la comunidad de Mombin Crochu. Fue un trabajo mental arduo pero Marcos fue excelente.

La aventura inicia en la frontera llamado Dajabón en el lado dominicano. Éramos un grupo de tres mujeres, nuestras dos niñas (Annika y Keila), y cinco hombres. Todos procedíamos de diferentes partes de las Américas; desde Chile, Argentina, Nicaragua, República Dominicana y Estados Unidos. Todos estábamos animados de ir en este viaje y “preparados” para afrontar lo desconocido. La frontera de dominicana con Haití es un buen ejemplo de ambigüedad, caos, y desorientación. En mi opinión siempre hay una sensación de inseguridad en las fronteras. Será porque soy latina y naturalmente sospechosa.

Duramos más de dos horas tramitando nuestros pasaportes en la frontera. Ossé, nuestro anfitrión de Haití llegó temprano a nuestro encuentro en la frontera, trayendo con él un chofer en quien confía. Ellos nos llevarían a la comunidad de Mombin Crochu, en un viaje que se extendió a unas 8 horas. Nuestro transporte era un minibús Toyota — “Deluxe 4×4”… ¿De qué año? Creo que ya no se fabrican. Para llegar a Mombin Crochu pasamos por las sabanas de Cabo Haitiano, la segunda ciudad de importancia en Haití después de Puerto Príncipe. Unos kilómetros después de Cabo Haitiano desaparece la carretera pavimentada y el camino se torna escabroso, cuesta arriba hacia las montañas rodeado de vegetación. Es una zona linda, especialmente si logras divisar en la cima la majestuosa fortaleza de Citadel.

Nuestro transporte era cuestionable con referencia a las condiciones mecánicas. En más de una ocasión tuvimos que bajarnos del vehículo para que este lograra subir las lomas. La puerta trasera que resguardaba nuestras maletas se abría al azar. Me acuerdo de la incomodidad del ambiente, lo caluroso, polvoso, lento y ruidoso. Como padres de familia nos preocupábamos por el bienestar de las niñas, del cansancio y largas horas en el camino. Sin embargo Annika, de siete años y Keila de nueve años perduraron. Todos llegamos cansados, pero ellas se quedaron fieles con su intención de estar en medio de una aventura.

Durante nuestra estadía en Mombin Crochu tuvimos la oportunidad de observar como los promotores de ECS monitoreo el crecimiento y salud de los niños de la comunidad. También tuvimos la oportunidad de conversar con niños y niñas miembros del grupo de auto ahorro, de visitar el jardín de un productor local y ver la riqueza de su huerto, de practicar la técnicas de vacunación en los animales de corral y del patio. Todos estos encuentros son testimonios ejemplares del progreso de la comunidad y reveló el compromiso de los multiplicadores de ECS en Haití.

El equipo de Haití había programado visitar la comunidad vecina de Mapou para hacer una práctica sobre la creación de canteros de hortalizas y para conversar con los productores y multiplicadores de ECS de la localidad. Pero para llegar a Mapou fue un reto de valor y resistencia física. De valor porque el viaje se hizo en caminos empinado, escabrosos, y ondulados con unas cuantas quebradas; de resistencia física porque luego tuvimos que caminar a pie cuesta arriba en el sendero rústico y para retornar hacer lo mismo bajo la lluvia. Hubo momentos en que Mark y yo estábamos preocupados por la seguridad física de las niñas y de nuestros compañeros. En el momento pensé que era insensata al traer a las niñas con nosotros. Al final del día todos estábamos físicamente agotados. Incluso Mark admitió que este había sido uno de los viajes más difíciles que ha hecho.

Sin embargo, las niñas no se quejaron mucho. Claro que estaban cansadas como todo nosotros, pero ellas disfrutaron de comer mangos frescos, hicieron algunos amiguitos de la zona, gozaron de ver la naturaleza de cerca y de aprender cómo se vive en el campo. Decidieron ver la que dignificaba a la gente y de alegrarse en el momento. Ellas fueron un ejemplo para el resto del grupo cuando nosotros los adultos estábamos incomodos o inseguros. Estuve muy orgullosa de ellas.

También estábamos orgullosos de Bella y Juan por su compostura gentileza en todas las situaciones en que nos encontrábamos. Compartieron con nosotros algunos de los momentos de interés en el CDCR; ambos mencionaron el entrenamiento práctico en Haití y el taller de cinco días para iniciar micro emprendimientos a nivel comunitario.

Me acuerdo de la camaradería, de lo agradecidos que estábamos de tener a Ossé como nuestro guía y por cuidarnos. Me acuerdo de la paciencia de todo el equipo Haitiano, especialmente en los momentos en que presentamos nuestras quejas y críticas. No. No fuimos un grupo fácil.

Finalmente pienso que nuestro grupo logro elevarse a nivel de familia cuidándonos unos a otros. Reconocimos que tenemos fallas y debilidades, pero también reconocimos que tenemos talentos y dones. Pusimos en práctica lo que enseñamos como facilitadores a lo demás: Dios nos ama a pesar de todo lo que somos.

Ir a Haití y participar en el CDCR fue una oportunidad para dejarnos moldear por las manos de Dios. Toma coraje dejarse moldear por la manos de Dios, porque en este proceso confrontamos nuestras debilidades más difíciles y penosas.

Ha sido un placer compartir esta experiencia con ustedes y espero compartir otras más. Creo que vendrán más experiencias que elevaremos a Dios porque hasta ahora tú nos has estado acompañando en la misión. Deseamos que sigas ayudando en la misión tanto en lo moral como en lo financiero. Tu participación y ayuda es sumamente valorado.


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